No hay una respuesta única, ya que cada proceso es diferente y depende de tu historia, tus necesidades y tus ritmos. Puedes descansar en la idea de que el proceso no se alargará innecesariamente, y revisaremos juntos/as el estado en el que te vas encontrando para ajustar el camino.
Por supuesto. La terapia es un espacio de libertad. Si en algún momento sientes que quieres hacer una pausa o terminar, solo tienes que decírmelo. Lo ideal es poder hacer una sesión de cierre para integrar lo trabajado y despedirnos adecuadamente, pero la decisión siempre será tuya.
Actualmente trabajo de forma privada y no tengo convenios directos con aseguradoras. Sin embargo, algunas pólizas de reembolso permiten recuperar parte del coste de las sesiones presentando la factura. Te recomiendo consultar las condiciones con tu seguro.
Las sesiones se realizan exclusivamente de forma online, a través de una plataforma de videollamada segura y confidencial. Solo necesitas un dispositivo con conexión a internet (móvil, tablet u ordenador) y un espacio tranquilo donde puedas hablar con privacidad y calma.
Sí, puedo emitir informes clínicos si los necesitas. Ten en cuenta que la elaboración de informes detallados conlleva un tiempo de trabajo fuera de sesión y puede tener un coste adicional según la complejidad del mismo.
No. Mi consulta está enfocada exclusivamente en la atención psicológica para adultos (mayores de 18 años). Si buscas atención para un menor, puedo intentar recomendarte a compañeros especializados en población infanto-juvenil.
El tiempo de la sesión está reservado exclusivamente para ti. Si olvidas la cita o no avisas con la antelación mínima establecida de 24 horas, la sesión deberá ser abonada, ya que ese hueco no ha podido ser ofrecido a otra persona que lo necesitaba.
Al principio del proceso, la frecuencia semanal es lo más recomendable para generar el vínculo, estabilizar los síntomas y coger ritmo de trabajo. A medida que avancemos y te sientas mejor, iremos espaciando las sesiones (quincenales, mensuales) hasta el alta. No obstante, nos adaptaremos a tus posibilidades.
El pago se realiza normalmente por adelantado o al finalizar la sesión, mediante Bizum o transferencia bancaria. Te facilitaré todos los datos necesarios antes de nuestra primera cita formal.
Sí. La terapia online ha demostrado ser igual de eficaz que la terapia presencial en las problemáticas emocionales y psicológicas. Numerosos estudios avalan que factores clave como el vínculo terapéutico, la alianza y la efectividad del tratamiento se construyen también a través de la modalidad online.
Si quieres profundizar en este tema y conocer en qué casos la terapia online puede ser especialmente beneficiosa, puedes leer el artículo completo en el blog: Terapia online: un espacio seguro que acerca, flexibiliza y funciona
Vivir con ansiedad no es solo “estar nervioso”. Es sentir que tu cuerpo se activa sin motivo claro, que tu mente no para y que el miedo llega sin avisar. La preocupación constante, el sentir que algo malo va a pasar o que no estás a la altura puede limitar tu vida y generar mucho sufrimiento. Quizá notas tensión, taquicardia, dificultad para respirar, pensamientos acelerados, o la sensación de perder el control.
Los ataques de pánico pueden aparecer como oleadas inesperadas de miedo intenso: tu corazón late fuerte, te falta el aire, te mareas y sientes que algo grave está pasando, aunque no haya un peligro real. Y luego puede quedar el miedo a que vuelva a ocurrir.
Si te está ocurriendo algo así, no significa que estés “mal” ni que no puedas manejarlo; significa que tu sistema está saturado y necesita apoyo. Te ayudaré a entender lo que te pasa, a calmar tu cuerpo, regular tu mente y recuperar la sensación de seguridad y control sobre tu vida.
A veces el estrés se instala sin que te des cuenta: haces lo que tienes que hacer, sigues adelante, y de repente notas que estás agotado emocionalmente, irritable o desconectado de ti misma/o. Puede que sientas que no te alcanzan las horas del día, que tu mente no descansa o que tu cuerpo está más tenso de lo habitual.
Cuando llevas mucho tiempo sosteniendo demasiado, es normal que aparezca frustración, cansancio o incluso ganas de desaparecer un rato del mundo.
Construiremos un espacio para parar, pensar en ti y aliviar esa carga. Trabajaremos en poner límites, entender tus prioridades y darte un trato más amable. Para que puedas volver a sentir equilibrio, presencia y bienestar, sin exigirte tanto ni sentirte sola/o con todo lo que llevas encima.
La depresión puede sentirse como perder el interés por cosas que antes disfrutabas, levantarte sin energía, sentir que todo cuesta demasiado o tener la sensación de estar desconectado de ti y de los demás. Desesperanza, apatía, dolor emocional, pensamientos negativos, llanto, y muchos más son algunos de los síntomas que podrías estar sufriendo.
La depresión no es falta de voluntad ni falta de actitud. Es un estado que aparece cuando tu sistema está saturado, cuando has sostenido demasiado o cuando has tenido que callar emociones durante mucho tiempo.
Te daré un espacio donde tu dolor puede ser escuchado sin prisa ni juicio. Trabajaremos para recuperar motivación, reconstruir el vínculo contigo, entender lo que te está pasando y acompañarte paso a paso, hasta que la vida vuelva a sentirse más ligera, posible y tuya.
A veces cargamos con daños extremos que ningún niño debería haber vivido, pero para que la infancia duela a veces no hace falta encontrar una agresión clara y concreta. Las heridas pueden aparecer cuando necesitabas amor, presencia, validación o calma y no siempre estuvo disponible. Quizás creciste con críticas, con miedo al rechazo, responsabilizándote de todo o teniendo que ser fuerte demasiado pronto. Quizás alguien te daño de manera explícita y crees que quedaste marcado/a para siempre.
Hoy esas experiencias pueden reflejarse en tu vida adulta en forma de inseguridad, miedo al abandono, dificultad para poner límites, exigencia contigo mismo/a, relaciones que se repiten, o una sensación constante de no ser suficiente.
Daremos un lugar a esa parte de ti que no fue vista o cuidada como merecía. Para llegar a comprenderte y sanar. Trabajaremos para que puedas sentir más seguridad interna, validar tus necesidades y construir una forma de relacionarte contigo y con los demás más sana, compasiva y libre de los patrones que nacieron cuando eras niño/a.
Puede que en tus relaciones sientas miedo a perder a la otra persona, dificultad para confiar, miedo a no ser suficiente, o que acabes adaptándote demasiado para no generar conflicto. O al contrario: que te cueste acercarte, que necesites distancia para sentirte segura/o, o que cuando alguien se acerca demasiado te incomode.
Cuando el apego ha sido inseguro, las relaciones no se viven desde calma, sino desde alerta: “¿y si se va?”, “¿y si no me elige?”, “¿y si vuelvo a equivocarme?”. Esto es agotador y suele llevar a relaciones inestables, dependencia emocional o aislamiento.
Juntos/as entenderemos de dónde nace esa forma de vincularte y empezaremos a construir una nueva. Trabajaremos en sentirte segura/o en la cercanía, poner límites sin miedo, expresar tus necesidades y reconocer tu valor sin depender de la aprobación externa. Porque mereces relaciones donde no tengas que esforzarte por ser querida/o, sino donde puedas sentirte acompañada/o tal como eres.
A veces el trauma nace de momentos en los que te sentiste desbordada/o, sola/o, sin apoyo o sin recursos para sostener lo que estaba ocurriendo. Puede venir en forma de pérdidas, rupturas, cambios bruscos, experiencias de abandono, violencia emocional, física o situaciones en las que sentiste miedo, vergüenza o humillación.
Ese impacto se nota en forma de activación constante, miedo a equivocarte, dificultad para confiar, reacciones intensas sin saber porque, bloqueo emocional, sensación de peligro incluso cuando no lo hay, miedo intenso, desregulación emocional, tristeza mantenida, o necesidad de evitar ciertos recuerdos, lugares o conversaciones.
Trabajaremos en recuperar seguridad interna, comprender tus reacciones, integrar lo que pasó sin que siga doliendo igual, y reconstruiremos una relación más amable contigo. Para que puedas vivir con menos peso, con más calma y con la sensación profunda de que aquello ya no define quién eres hoy.
A veces la autoestima no se rompe de golpe. Se va desgastando con críticas, decepciones, comparaciones, exigencia interna o vínculos que no te hicieron sentir suficiente. Puedes sentir que no encajas, que dudas constantemente de tus decisiones, que te cuesta valorarte o que te adaptas a lo que otros esperan sin saber muy bien quien eres tú. No te gustas. No te miras.
También puede aparecer la sensación de estar viviendo una vida que no es la tuya, miedo a equivocarte, inseguridad en tus relaciones o una falta de claridad sobre lo que quieres.
Exploraremos juntos/as quien eres sin todas esas capas de juicio y exigencia. Trabajaremos en reconocer tu valor, poner límites desde el amor propio, identificar tus deseos reales y construir una identidad más auténtica, conectada y libre de comparaciones. Porque no se trata de ser perfecta/o, sino de sentir, de saber, que eres suficiente siendo tú.
Hay etapas en las que la vida se vuelve confusa: cambios de trabajo, rupturas, maternidad o paternidad, mudanzas, pérdidas, decisiones importantes… o simplemente darte cuenta de que ya no eres la misma persona y no sabes hacia donde ir. Esa sensación de estar en un punto de inflexión puede traer incertidumbre, bloqueo, tristeza o miedo a tomar decisiones equivocadas.
A veces, una crisis vital no es que algo vaya mal, sino que algo dentro de ti pide cambio: nuevas prioridades, una nueva forma de vincularte, una vida más coherente con quien eres hoy.
Construiremos un espacio seguro para ordenar lo que sientes, aclarar qué necesitas y tomar decisiones desde la calma y no desde urgencia. Te acompañaré a encontrar dirección, sentido y un lugar interno donde lo nuevo deje de dar miedo y empiece a ser oportunidad.
A veces las emociones se sienten demasiado intensas: pasas de estar bien a sentirte triste, enfadada/o, desbordada/o o bloqueada/o en cuestión de minutos. Puedes sentir que reaccionas más de lo que quieres, que te cuesta parar cuando te activas o que después te arrepientes de lo que dijiste o hiciste. Otras veces ocurre lo contrario: te desconectas, te quedas sin palabras, sin energía o simplemente “aguantas” hasta explotar.
La dificultad no es sentir mucho, sino no saber como sostenerlo sin dañarte ni dañar la relación con los demás.
Te ayudaré a reconocer tus emociones sin miedo, a escucharlas y expresarlas de forma más segura. Trabajaremos con el cuerpo, el pensamiento y tus necesidades reales para que puedas responder desde la calma, poner límites sin explotar, pedir lo que necesitas y vivir tus emociones sin sentirte atrapada/o por ellas.
Cuando alguien importante ya no está , sea por fallecimiento, ruptura o distancia, no solo se pierde a esa persona, también se pierde una forma de vivir, una rutina, un lugar seguro o una parte de tu historia. El duelo puede sentirse como vacío, tristeza profunda, confusión, culpa, enfado o con algo que no coincide con lo que “se supone” que deberías sentir.
A veces el duelo duele porque había amor, vínculo y momentos compartidos. Otras, porque quedaron cosas pendientes, palabras sin decir o heridas sin cerrar.
Te acompañaré para que tu dolor pueda existir sin presión y sin prisa. Trabajaremos para integrar la pérdida de un modo más amable, encontrar sentido a lo vivido y recolocar a esa persona dentro de tu historia. No se trata de olvidar, sino de aprender a vivir con lo que fue.
Las relaciones más importantes también pueden ser las que más duelen. A veces aparecen discusiones que se repiten, falta de comunicación, distancia emocional, celos, expectativas no habladas o la sensación de que dais mucho y recibís poco. Otras veces cuesta encontrar acuerdos, poner límites, entender al otro o dejar atrás resentimientos del pasado.
Juntos/as comprenderemos que está pasando, que necesita cada parte y como construir un vínculo más sano. Trabajaremos en comunicar sin herir, escuchar sin defenderse, poner límites claros y recuperar conexión, confianza y respeto. Porque las relaciones no necesitan ser perfectas, solo más conscientes, justas y cuidadas.
A veces la comida no es solo comida. Puede convertirse en una forma de calmar emociones, controlar algo cuando todo parece difícil, ocultar inseguridades o intentar sentirte mejor contigo misma/o. Quizá tu relación con la comida cambia según tu estado emocional, te sientes culpable después de comer, te comparas constantemente, o la imagen de tu cuerpo ocupa demasiado espacio en tu vida.
Estos problemas no tienen que ver con falta de fuerza de voluntad, sino con emociones, exigencia interna, vivencias pasadas o una necesidad de control que se expresa a través del cuerpo.
Te ayudaré a entender que hay detrás de tu relación con la comida, soltar la culpa y aprender a cuidarte de una manera más amable. Trabajaremos en encontrar equilibrio, escuchar tus necesidades reales y construir una relación más sana contigo, donde la comida no sea un enemigo ni tu cuerpo un campo de batalla. Porque mereces vivir con más paz, libertad y aceptación.